
Recuerdo haber leído hace unos años a Zygmunt Bauman y su Amor Líquido, y nunca pensé que la superficialidad que implícitamente daba cuenta de nuestras relaciones fuese tal. Pero si recorremos los discursos hoy día, están impregnados de la liviandad y lo efímero del vínculo.
Si hay conflictos o si se hace difícil, la relación se termina. Se evitan los rótulos, lo que implique compromiso o dar cuenta a los demás de que hay algo más allá de nuestro ego al cual pertenecemos-compartimos. Y se asume casi como parte del ciclo vital de una persona tener que pasar por una etapa de descontrol y promiscuidad para sentirse experto o viviendo.
Lo cierto, es que nos hemos individualizado tanto que tememos compartir con otro, decir te amo o te quiero porque sentimos que eso nos encadena. Abusamos de la masificación de las tecnologías y las hacemos referentes para nuestras vidas, donde los demás entran y salen tan fácil como con un click en BLOCK/UNBLOCK pero no generamos ni construimos nada con cuerpo en ello.
Obviamos que la vida es precisamente esa montaña rusa de emociones, favorables y desagradables, inciertas y con proyecciones, de apuestas y equivocaciones, planificadas y espontáneas... algo que se llena tan fácil como con un par de letras en un papel, un llamado, un tomar la mano del otro, sentarte en silencio y olvidarte que los demás existen.
La vida es eso, es aventura.. y el amor (o el cariño) creo que es lanzarse en una apuesta sin sentido a demostrarle a alguien que al menos por ese instante es quien llena tus segundos y las expectativas de que se repita una y otra vez de aquí en más.
Si no lo pensás así, despertá una mañana con alguien que te provoque una sonrisa y verás que no vas a querer que esa persona se vaya más.
-+-
No hay comentarios:
Publicar un comentario