Recuerdo que hace unos meses atrás le había dado vuelta al concepto del amor líquido en este blog, a este afán instrumentalizador del otro en pro del deseo – preferencia del momento, y que (por estar circunscrito precisamente a un “instante”) fácilmente se desvanecía en las historias personales de los sujetos involucrados.
Y parece que cometí un error. El cual entiendo como haber conceptualizado este uso del otro solamente vinculado a la relación de pareja.
Pues cuando vemos que el otro pasa a ser visto como un objeto, no lo vinculamos solamente a un tema sentimental o de amor; podemos verlo en las relaciones más cotidianas y banales de nuestro día a día.
El posicionamiento estratégico en el ámbito laboral, el tecnicismo en el cual centramos nuestro modelo de educación e, incluso, el oportunismo sobre el cual construimos nuestras amistades nos da (espero) para reflexionar en cuanto a cómo nos posicionamos frente a la necesidad del otro.
Esto entendiendo que, usualmente, solemos ir reproduciendo un modelo enfocado en la conveniencia, donde la afinidad, lo compartido y lo colaborativo, se pierde en medio de decisiones que nos hacen justificar el por qué mantenemos ciertas dinámicas que sabemos no son sanas.
¿Cuántas veces hemos cuestionado una amistad por la falta de un llamado o unas líneas?
¿Cuántas veces hemos privilegiado decidir solos por sobre la oportunidad de decidir con-el-otro en una relación?
¿Cuántas ocasiones hemos responsabilizado de un vínculo desgastado al otro, al que no aparece, el que trabaja, a quien tiene poco tiempo producto de su jornada laboral, etc.?
Podríamos dar vueltas varias horas a este asunto, mas creo que aún no estamos en momento de poder conseguir un cambio ampliamente significativo… pero si al terminar de leer estas líneas te das cuenta que estás/has estado esperando una llamada que finalmente nunca se concreta, sé que me entenderás.
Todo Lo Que Critico
¿Amor líquido o Liquido al amor?

Recuerdo haber leído hace unos años a Zygmunt Bauman y su Amor Líquido, y nunca pensé que la superficialidad que implícitamente daba cuenta de nuestras relaciones fuese tal. Pero si recorremos los discursos hoy día, están impregnados de la liviandad y lo efímero del vínculo.
Si hay conflictos o si se hace difícil, la relación se termina. Se evitan los rótulos, lo que implique compromiso o dar cuenta a los demás de que hay algo más allá de nuestro ego al cual pertenecemos-compartimos. Y se asume casi como parte del ciclo vital de una persona tener que pasar por una etapa de descontrol y promiscuidad para sentirse experto o viviendo.
Lo cierto, es que nos hemos individualizado tanto que tememos compartir con otro, decir te amo o te quiero porque sentimos que eso nos encadena. Abusamos de la masificación de las tecnologías y las hacemos referentes para nuestras vidas, donde los demás entran y salen tan fácil como con un click en BLOCK/UNBLOCK pero no generamos ni construimos nada con cuerpo en ello.
Obviamos que la vida es precisamente esa montaña rusa de emociones, favorables y desagradables, inciertas y con proyecciones, de apuestas y equivocaciones, planificadas y espontáneas... algo que se llena tan fácil como con un par de letras en un papel, un llamado, un tomar la mano del otro, sentarte en silencio y olvidarte que los demás existen.
La vida es eso, es aventura.. y el amor (o el cariño) creo que es lanzarse en una apuesta sin sentido a demostrarle a alguien que al menos por ese instante es quien llena tus segundos y las expectativas de que se repita una y otra vez de aquí en más.
Si no lo pensás así, despertá una mañana con alguien que te provoque una sonrisa y verás que no vas a querer que esa persona se vaya más.
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Soltero ¿y hago lo que quiero?

Se supone que la soltería nos entrega un espacio de libertad. Es cortar las cadenas que amarran y te reintegran a una, por lo general, abandonada vida social.
Pero algo pasa que el nuevo aire se empieza a tornar denso cuando ves que tu nueva situación trae, por añadidura, ciertos requisitos y exigencias externas que hacen que la locura al estilo living la vida loca se vuelva incluso más tormentosa que la relación acabada.
El duelo, el mostrarte EMOcional, el no poder mirar nuevas opciones porque ha pasado poco tiempo, las críticas de lo que hiciste (o no) para llegar a las terribles consecuencias de la separación... todo, todo eso... te sumerge a un rito de la ex-relación que solo es determinada por otros cuando acaba.
Entonces ¿cuál es el sentido del reformular la vida y las decisiones? ¿No existe acaso la posibilidad de dejar una opción para tomar una nueva dirección y rumbo que pudieses considerar ahora mejor?
Pareciera que como grupo no solo nos neurotizamos afirmándonos a los ritos, sino también a las personas y las historias... sin importar que tan benéfico puede ser el cambio, lleva al caos y esto parece ser, para muchos, una terrible y angustiante inestabilidad.
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